miércoles, 11 de junio de 2014

Sentido y sensibilidad de Jane Austen

Título: Sentido y sensibilidad
Autora: Jane Austen

Editorial: Edimat
Palabras clave sobre el género: Realista, época, familia, sociedad, amor

Puntuación total: 4/5
Edición: 2'5/5
Narración: 5/5
Diálogos: 3/5
Personajes: 3/5
Relaciones: 3/5

Hace un año ya que me propuse leer las seis novelas publicadas completas de la paradigmática escritora británica porque, aunque he disfrutado mucho de sus historias en las adaptaciones cinematográficas, nunca las había leído enteras. Para saber el orden y su origen, podéis entrar aquí.

En este segundo caso (sí, llevo cierto retraso con la lectura…) le tocó el turno a Sentido y sensibilidad, de la que no sabía mucho. Jane Austen nos introduce en el seno de la familia Dashwood, residente en Norland Park que se encuentra en Sussex. Aunque este sea el inicio, el círculo que conocemos sufre un revés duro a través de la pérdida del patriarca de la familia. El señor Dashwood, antes de su muerte, hizo prometer a su hijo primogénito (quien, obviamente, lo heredaría todo) que cuidaría de su madrastra y tres hermanastras. Claro que, él no tenía en cuenta las malas artes a las que acudiría la esposa de su hijo y la familia política para que el patrimonio quedara entre ellos.

La rencilla familiar deja a la señora Dashwood y a sus hijas en busca de un nuevo hogar, además de que la mayor, Elinor, debe alejarse de Edward Ferrars, hermano de su cuñada y hombre recto. Esto es algo que a Marianne le partiría el corazón de encontrarse en el lugar de su hermana mayor pero claro, la mediana de los Dashwood es todo pasión y no concibe la posibilidad de no demostrar lo que siente en cada momento, en cambio Elinor mantiene la cabeza fría y antepone a su familia por encima de su vida sentimental.

Sentido y sensibilidad es una novela de contrastes, contraste entre la razón y el sentimiento, entre el amor y la amistad, entre Marianne y Elinor en medio de un torrente de sucesos que volverán del revés la vida de las hermanas y de todos los que las rodean.

Los personajes de esta novela son increíblemente palpables, pese a la barrera de la ficción, del tiempo y de la cultura que me separan de ellos, pude sentir en ocasiones como me hablaban directamente al corazón. Elinor fue mi preferida de las protagonistas, aunque sí que es verdad que en ocasiones tuve ganas de hacerla espabilar. Me ha conquistado porque es todo lo que a mí me gustaría ser (al menos un poco, no tan exagerado), porque de ese modo quizá me hubiera ahorrado más de un problema. Por otro lado Marianne es encantadoramente alelada, pero las ocasiones en las que su boca va más rápida que su mente, me sacaron de quicio. Es quien más cambia a lo largo de la novela, pero quizá no de la forma que yo hubiera querido. Edward Ferrars es otro de mis personajes preferidos, no por su papel en sí sino porque, a pesar de no salir demasiado, siempre consigue estar presente a través de otros personajes. Willoughby tiene un papel muy complejo pero sin él nada de lo que ocurre en el desenlace sería posible y bien lo saben las hermanas Dashwood. El coronel Brandon, ese hombre de pocas palabras que se siente deslumbrado por la mediana de las Dashwood y que acompaña en lo bueno y en lo malo a la familia, llevando a rastras su desgraciada historia. Por último y no menos importante, no quería dejarme a la madre, porque la madre de esta familia vale millones y no podía dejar de mencionarla.

En cuanto a la escritura de Jane Austen, derrocha simpatía e ironía por todas las páginas sin dejarte respirar ni un segundo. Lo mejor de toda la novela es la sencillez con la que capta la relación entre las hermanas, porque se nota que sabe de lo que habla cuando trata ese vínculo que va más allá de los gustos y la razón.

Para terminar, no puedo dejar de invitaros a que hagáis esta lectura porque aunque pasen siglos Jane Austen seguirá conquistando corazones de lectores como está haciendo conmigo. Y espero no tardar tanto en leer el próximo de mi lista…

Cita:
Edward Ferrars no había logrado la buena opinión que recibía de estas ni por alguien ni por nada. No era guapo y sus costumbres requerían de confianza para ser agradables. Era demasiado inseguro como para ser justo consigo mismo; pero cuando vencía su timidez natural, su comportamiento daba indicaciones de ser afectuoso.